domingo, 24 de marzo de 2013

Privacidad: el bien más preciado

El exhibicionismo en Facebook pierde adeptos mientras los famosos abandonan Twitter y Europa inicia el debate sobre el derecho al olvido. ¿Se acabó la transparencia total?

 
Álex Vicente
 
Eva Mendes
 Contra todo pronóstico, el pudor y la contención regresan como norma social en vigor. Por lo menos, así lo afirman quienes estudian los últimos movimientos en el campo de la batalla digital. Diversas agencias de observación de preferencias de consumo situaron la llamada privacy etiquette (protocolo de privacidad) en la lista de términos claves para 2013, mientras los programas informáticos para encriptar contenidos multiplican sus ventas y surgen aplicaciones como SnapChat, que borra los textos e imágenes de los mensajes 10 segundos después de ser leídos. Tras media década de transparencia, el código sobre lo que se puede compartir en las redes y lo que no empieza a evolucionar.
Desde hace unos meses asistimos a una extinción de fenómenos tan perniciosos como el oversharing (compartir demasiado en las redes) y sus derivados más nocivos. Desaparecen, por ejemplo, aquellos reportajes gráficos sobre noches de alto contenido etílico, incompatibles con el estajanovista que todo el mundo quiere dar como imagen en las entrevistas de trabajo.
 
«No nos dirigimos necesariamente hacia el secretismo, pero estamos dando un paso atrás para tomar distancia. Cada vez más usuarios se preguntan cómo utilizar correctamente las redes sociales y se muestran apegados al concepto de intimidad, fundamental en la identidad moderna», explica Daniel Post Senning, especialista en protocolo y coautor de la nueva edición del manual de buenos modales creado por su tatarabuela, Emily Post, archiconocida en Estados Unidos. Igual que su antepasada enseñaba a utilizar los cubiertos, Daniel da lecciones para no excederse en las redes. «Lo que ella escribió hace 80 años sigue siendo válido hoy. Cuando escribes algo a tu nombre, tienes que estar seguro de que no lo acabarás lamentando. Tienes que responsabilizarte por lo que has escrito», apunta.
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Fuente: smoda.elpais.com/